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El pintor francés empezó siendo calificado como “bestia” y acabó convirtiéndose en uno de los artistas más relevantes del siglo XX.

El pintor francés Henri Matisse (1869-1954) es una de las figuras más importantes del arte del siglo XX. Fue capaz de crear un estilo propio, rompedor con las normas y estilos pictóricos anteriores, a la vez que consiguió el elogio de la crítica. 

Matisse se dedicó a la pintura a pesar de su frágil salud. Los últimos años de su vida los pasó en una silla de ruedas, pero aun así fue capaz de aprovechar sus limitaciones para seguir innovando. 

Sus cuadros se exhiben en los principales museos del mundo. El 31 de diciembre de 2019 se celebró el 150 aniversario del nacimiento de un genio que usó el color en sus cuadros de un modo que no se había visto antes.

Una vocación surgida de la enfermedad

Henri Matisse nació el 31 de diciembre de 1869 en Le Cateau-Cambrésis, una población al norte de Francia. Se licenció y ejerció de abogado hasta que, en 1889, tuvo que someterse a una operación de apendicitis. 

Su madre le regaló unos lienzos para que pintase mientras se recuperaba de la operación. Fue entonces cuando descubrió su verdadera vocación: ser pintor. 

En 1892 empezó a estudiar en la Escuela de Bellas Artes de París, donde aprendió a pintar temas clásicos como bodegones y paisajes. También practicó con réplicas de cuadros del Museo del Louvre, uno de los más importantes de la capital francesa.

En 1905 Matisse, empieza a usar el uso estridente del color, la distorsión de formas y el expresionismo como captación de emociones.

Gracias a artistas como William-Adolphe Bouguereau y Gustave Moreau, que seguían la tradición clásica, Matisse aprendió atrabajar la luz y el color en sus cuadros. Pero también se inspiró en grandes pintores del momento que experimentaban con estilos más modernos y rompedores, como Paul Cézanne, Vincent Van Gogh o Paul Gauguin. 

Experimentó con diversas corrientes pictóricas como el naturalismo, que retrataba la realidad de forma fiel y detallada, pero también el expresionismo, que manipulaba formas y colores para ofrecer una visión más subjetiva. Pero Matisse había de encontrar su propio estilo.

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